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domingo, 16 de marzo de 2014

...¿Magouden?

Al entrar en la vivienda, me encontré con Aura. Erika se fue a hablar con él, casi nada más verle, y murmuraron durante un rato.

+ Aura... Shiro... Salió fuera.
- ¿QUÉ? ¿Y dónde está? ¿Está bien?
+ Si, sí. No te preocupes. Está aquí, pero seguramente quiera preguntarte algunas cosas...

Aura se acercó a mí, a paso lento.

"Shiro, Ahora querrás saber qué ha pasado, ¿no?"

Sin tan siquiera esperar a mi respuesta, continuó.

Verás... Shiro...

Los Magouden, siempre han existido, pero no sé por qué, últimamente, comenzaron a extenderse muchísimo por esta ciudad. Y no parece ser la única... La magia de los humanos, poco a poco se ha ido viendo reducida a... Cenizas, básicamente. Con ella, se fue el color, el arte, la personalidad... Han desaparecido tantas cosas...

Con esto no me refiero a que no haya gente que aún permanezca bien. No. Está claro, ¡míranos a nosotros! Erika y yo hemos conseguido salvarnos, y también hemos salvado a muchísima gente... Pero el mundo ya está en lo peor. La situación no va a mejorar nunca, y lo único que podemos hacer es mantenernos recluídos, intranquilos ante el hecho de que algún día entren aquí, y lo destruyan todo.

Estos seres, comenzaron siendo simples personas sin magia, como seguramente ya sepas, pero en cuestión de pocos años, se han contagiado a más y más personas, y poco a poco han ido generando mejores espadas para cortar nuestros sueños... Shiro, mira a través de esa ventana. ¿Qué ves?

Por la abertura, podía ver lo que parecía un parque antiguo, una caja de arena para niños, unos columpios y un tobogán, todo rodeado de unos cuantos abetos... No era nada chocante. Miré extrañado a Aura.

Shiro, mira mejor...

Me quedé un rato observando la escena. Y a cosa de como 30 segundos, llegó un niño al parque. Era pequeñito, y tenía algo de color. Sus ojos eran verdes, y el pelo corto y castaño, y era de una altura típica para un niño que ronda los siete años. Al acercarse al columpio, del suelo empezó a asomarse una cresta enorme, que siguió creciendo hasta tomar la forma de una especie de dinosaurio.

Pero el dinosaurio, no era ningún integrante de los ejemplares ilustrados en los libros de texto de biología. No. Este dinosaurio era algo más bien... Deforme. Era una amorfia que no parecía hecha con tal intención, sino muy aleatoria... Era como si alguien hubiese intentado dibujar un dinosaurio, sin conocimiento alguno de anatomía, ni tampoco mucha habilidad a la hora del dibujo.

Era como... Un dibujo de un niño en el parbulario... Pero completamente oscuro. Era opaco, y las líneas que lo componían no tenían orden. No seguía ningún patrón, ni se podía identificar qué era sombra, y qué no... Estas líneas, más bien rayas, parecían moverse con desánimo, dentro del contorno que formaba al animal... O más bien a la lóbrega y triste bestia... Que parecía incluso llorar.

Dicha fiera, bramó, y a la vez sollozó al niño en un lenguaje ininteligible. Pero al escucharlo, el niño lloró. Lloró sin cesar... Como si su piel estuviese siendo arrancada del resto de su cuerpo a mordiscos. Como si le acabasen de incrustar en pleno pulmón una viga de hierro, de alguna construcción, y no pudiese respirar, pues sus órganos, los pulmones, estaban bañados en sangre.

El color del niño tembló... Y se entristeció con él. Era una experiencia inexplicable. No había forma de definir con exactitud qué pasaba... Pero era horrible. Cualquier humano con algo de corazón y amor en sus venas, sería incapaz de obviar esta situación.

Era como ver cómo un pirómano quemaba un jardín lleno de esplendor, con todo tipo de flores reunidas sobre un verde marco, que hacía que todos los colores armonizasen entre ellos. Ver como poco a poco, el fuego iba consumiendo toda vida, hasta únicamente quedar un montón de carbón, inservible.

El niño, sin cesar el llanto, volvió por donde vino, y dejé de verlo cuando entró en un callejón.

"El mundo, como ya has visto, es tétrico, y está marchito." - Dijo Aura.

sábado, 15 de marzo de 2014

La primera vez..

Otro capítulo, y otra vez volví a despertarme.

Esta vez me sentía bastante bien, decidí que intentaría salir a ver qué había fuera. "¿Cómo es este mundo?" Esa pregunta hacía eco en mi cabeza.

Bajé las escaleras, decidido a salir del edificio... Pero, cómo no, acabé perdido. No sabría decir si esto es una casa, una mansión, o un recinto enorme para algún evento, pero este lugar era increíblemente grande.
Afortunadamente, me topé con Erika.

+ Ehm... ¡Hola Erika! -Ya llevaba algunos días hablando con ella, y había conseguido coger algo de confianza. - ...¿Dónde está... La puerta?
- ¡Shiro! ¿Qué tal? ¿Eh?... ¿Qué... Has dicho?
+ Pues que... no sé... Me gustaría ver qué pasa fuera de mi cuarto. Llevo ya varios días aislado en el interior de este edificio... Y... Bueno... Esto...
- ... Shiro... No deberías...
+ ¡Pero Erika! No tengo apenas recuerdos de quién soy. Ni sé qué hago aquí. No sé cómo he llegado hasta aquí, ni qué va a pasarme. ¡Lo necesito! Igual si salgo fuera consigo recordar algo, quien sabe. ¡Por favor, Erika!

Erika se alejó un poco, y estuvo pensativa. Luego suspiró, y finalmente dijo:

"No te arrepentirás de ver lo que hay fuera, ¿no?"

Asentí, entonces Erika resopló nuevamente, pero me llevó hacia la puerta. El camino era muy sencillo, por lo  que concluí que me dediqué a dar vueltas sin sentido durante un buen rato. Frente a nosotros, ya se encontraba la puerta. Era alta, un poco más alta de dos metros, y estaba hecha de un cristal bastante grueso, con un marco de madera que parecía igual de resistente. Me acerqué al pomo, y me dispuse a poner un pie fuera...

Pero, al abrirla, no encontré el mundo real que me esperaba descubrir...

No... Realmente, este mundo era exactamente igual a cualquier mundo realista e imaginable. Frente a la puerta, había una calle que se extendía tanto a derecha, como a izquierda. Pero la gente... No estaba normal... No era normal. 

Andaban... Como cabizbajos... No era eso exactamente, pero todos iban igual. Apenas había cambio en el andar entre lo que debería ser un alegre y feliz pequeño de 7 años, con el amable pero algo débil andar de un señor de la tercera edad.

Justo en línea recta desde la puerta había una panadería, que en lugar de tener esos productos artesanos, todos derivados del pan, o incluso algunos pastelitos que el panadero había hecho con su familia, todos rebosantes de alegría... Tan sólo tenía pan. Todo igual. Barras de pan colocadas de forma casi paralela en el escaparate.

"Ya ves en lo que se ha convertido el mundo, en tan poco tiempo... Shiro." - Dijo Erika. Erika y yo aún seguíamos con el mismo color que merecíamos, pero parecíamos ser los únicos. La diferencia era tal, que incluso contrastábamos con el resto de la gente. "¿Por qué todos están tan oscuros?" Pensaba.

Mírales. JajJaja. Qué triste. ¿Quiénes se habrán creído?
Oye oye, el chico me está mirando. Eh tú, ¿qué miras?
¿Y has visto a aquella vieja? Por dios...

- Erika... ¿Qué le pasa a toda esta gente?
+ Shiro... Cariño... Son ellos... Magouden...

Cuando Erika terminó esa frase, una persona me agarró del brazo, y me arrastró hasta un grupo de otras cinco o seis. Al llegar, la vista era impresionante. No en un buen sentido, sino en uno horrendo y espantoso. Todos... Absolutamente todos... Eran iguales. Los chicos llevaban el mismo corte, y parecían haber quedado para incluso teñirse el pelo exactamente igual, y lo mismo sucedía con las chicas. No me podía creer lo que veía... De hecho, se podía distinguir el género de cada individuo solo por el corte del pelo, si este también fuese igual, sería prácticamente imposible distinguir a un hombre de una mujer en el grupo.

Oye tú. ¿Por qué llevas el pelo blanco? ¿No ves que hay que llevarlo negro? ¿Y ese corte?
Y además, qué haces con ese color de ojos. El que se lleva es el marrón. Perdedor.

La voces empezaban a mezclarse, para resultar en una especie de voz deforme, que no paraba de atacarme. Sin saber por qué, comenzaba a sentirme algo raro... Como... Mal. Era como si sus voces mermasen la energía de mi cuerpo. Erika, por suerte, volvió a hacer una aparición estelar, y me sacó de allí, para que volviésemos a entrar en el edificio de antes. Al verlo por fuera, pude comprobar que era una casa de dos o tres plantas, completamente normal. Bueno, bastante grande, pero nada realmente extraño, era una residencia como cualquier otra.


sábado, 8 de marzo de 2014

Shiro

El chico no se movía, estaba completamente quieto. Parecía una alta estatua que se erguía para observarme. Las letras que había pronunciado seguían ahí, inamovibles, colocadas exactamente en el mismo sitio en el que habían estado hasta ahora:

"Me llamo Aura..."

Esta vez, las letras tenían color. Bueno, algunas. Un azul añil precioso. Brillaba con un lustre misterioso, atrayente, y desentonaba entre el resto de palabras. 

El chico me miró extraño. Era normal, no paraba de examinarle. No tenía ni idea de quién era este chico, ni de qué quería de mí, si lo tenía que conocer o no... No entendía nada, y trataba de evitar el contacto de ojos, "sólo tensará más la situación" me temía. Igual estaba molesto por algo que yo no recordaba. O igual estaba molesto por el hecho de no recordarlo. Dios mío, ¿qué se suponía que tenía que hacer? La sensación era horrible, y aquel joven seguía con sus ojos puestos sobre mí, y era demasiado incómodo.

"No te preocupes, no te haré nada"

Pareció leer toda la actividad de mi mente, y habló. Esta vez sí se acercó a mí, y se rió. Al acercarse, atravesó las palabras, que seguían enunciadas en el aire, inmóviles, y se sentó a la derecha de mis rodillas, en un lado de la cama. Aparté mis piernas hacia el lado opuesto, por si se quería acomodar, pero no lo hizo.

"¿Quién... eres?"

Esta vez, fui yo quién habló. Mis palabras también se materializaron en el aire, y se colocaron frente a mis ojos, impidiéndome ver. Instintivamente, saqué el brazo de la blanca sábana y moví la mano, para quitarlas, y efectivamente, la oración salió disparada, chocó contra el suelo, y se incrustó en él, aunque sin dejar marca. Era raro... ¿Cómo explicarlo? La frase era como un todo, y al chocar con el suelo, frenó por completo, y se recolocó, de forma que quedó paralela al suelo, y las letras, que habían sufrido algún daño del golpe, se recompusieron e incluso levitaron, dejando como 10 centímetros de distancia con el suelo.

Aura también se quedó observando por un rato las palabras, parecía ser capaz de verlas. ¿Sabrá algo de por qué existen éstas? Le preguntaré.

"¡Aura!... Tú... Las ves, ¿no? ¿Qué son?" - Sonó muy brusco, pero no hubo cambio en su expresión que denotase molestia o algo. De hecho, no pareció ni importarle.
"¿El qué?" - Dijo, sin saber a qué me refería.

Al responderme, mi texto se desvaneció gradual-, pero también rápidamente, dejando una estela que tardaba bastante poco en desaparecer de la misma manera. Cuando se desvanecía cada letra, dejaba pequeños destellos que se fraccionaban en otros más pequeños, hasta desaparecer. Y todo esto, antes de que Aura hubiese terminado la frase. Estos destellos brillaban como el cielo nocturno, con una luz que parecía muy poderosa, pero no era para nada molesta al ojo. Seguramente, aunque estuviésemos en un lugar completamente oscuro, el brillo no sería capaz de cegarnos, pero sí de iluminar la habitación, parecía tratarse de un brillo muy suave y amable.

"¿Shiro? ¿Sigues ahí?"- Dijo.
"¡Pues qué va a ser! Estas letras que aparecen al hablar"
"Aah... tú... ¿también...?"
"¿Eh?"

"¿Lo ves? Éste texto, ¿aquí? -Y señaló al lugar en cual se hallaban las palabras.
"Sí, cada vez que hablamos, aparece. Es muy raro, y a la vez parece completamente natural
"Sí, yo también lo veo..." - Dijo Aura. Tras ello, en su rostro, se esbozó una leve sonrisa. - ¿Quieres ver... lo que puedo hacer con él?
"¿Tiene algún uso?"
"Este texto, tiene todos los usos que quieras, y a la vez, puede ser completamente inútil, o incluso dañino... Shiro, dime algo que te gustaría... No sé, tener... cambiar... lo que quieras"

¿Qué debería decirle? Era una pregunta muy... singular. Era como si un hado mágico acabase de aparecer ante mí, y me cuestionase mi voluntad, para que ésta fuese llevada a cabo. Pero... ¿Debería fiarme de alguien que acaba de aparecer? ¿Qué intenciones tiene? La amabilidad puede juntar a las personas, pero también puede embelesarnos y hacer que caigamos al abismo. ¿Y si detrás de Aura sólo existe un ser malvado y despiadado que trata de lograr algo de mí? Pero si le juzgo como algo horrible, y en la realidad es lo que aparienta ser, el malo sería yo. ¿Qué hago? Ay...

Tras un pequeño rato meditando, decidí pedirle algo simple, sencillo, pero a la vez imposible para alguien común. No sabía si Aura era bueno, o malo así pues, pronuncié mi "deseo":

"Pues... No sé, ¡dale color a ésta habitación! Toda blanca es muy deprimente...
"Hmmm... Vale."

Aura se concentró. Estuvo moviendo la cabeza un buen rato, de un lado hacia otro de la habitación, casi con escrutinio. Tras haber hecho mi pedido, pensé que tampoco era el más adecuado. Podría teñir a la habitación de colores aún peores, aunque este blanco ya era demasiado espeluznante, y sería bastante difícil superarlo. Pasado un rato, se detuvo, y articuló algunas palabras.

"Verde"

"Azul, cielo"

El texto, surgió nuevamente, esta vez, tenía un color blanco, pero un blanco muchísimo más amable que el que antes reptaba por la habitación. Era un blanco esponjoso, cuya forma cambió a la de una esfera, que se dividió en otras muchas, más pequeñitas, y volaron hacia el techo. El techo vibró, y en él, aparecieron cúmulos, pequeñas y grandes nubes esponjosas, que parecían estar sacadas de las más pacíficas tardes de verano. Podían verse algunas formas, y parecían incluso moverse. Tenía la sensación de que si me quedaba observándolas durante mucho tiempo, conseguiría ver cómo van transformándose, propulsadas por el viento, cambiando eternamente de forma hasta desaparecer en el horizonte. Seguramente mañana, este cielo tendrá otras nubes completamente distintas, con otras muchas formas. Me dieron algo de pena las nubes que nunca volvería a ver, pero también quería apreciar aquellas que nacerían aquel al día siguiente. Era como ver el simple concepto de "vida" retratado en el techo de mi  habitación, antes opresora, y ahora completamente libre.

"Nube"

El texto, esta vez apareció, y su forma cambió a la de una esfera, que se dividió en otras muchas, más pequeñitas, y volaron hacia el techo. El techo vibró, y en él, aparecieron cúmulos, pequeñas y grandes nubes esponjosas, que parecían estar pintadas por algún pintor realmente dotado. Podían verse algunas formas, y parecían incluso moverse. Tenía la sensación de que si me quedaba observándolas durante mucho tiempo, conseguiría ver cómo van transformándose, propulsadas por el viento. Seguramente mañana, este cielo tendrá otras nubes completamente distintas, con otras muchas formas. Me dieron algo de pena las nubes que fuesen a desaparecer, pero también quería ver aquellas que nacerían aquel día. Era como ver el simple concepto de "vida" retratado en el techo de mi antes deprimente habitación.

"Y... por último... "Césped, árbol"

Estas dos palabras se separaron. "Césped" repitió el proceso que hizo "Nube", y se convirtió en una esfera, pero de él, fueron saliendo pequeños arcos curvados, como los que deja una fina espada al intentar cortar a su enemigo, y estos pequeños arcos impactaron contra la pared, por la parte de abajo, haciendo que ésta temblase con cada impacto, y la esfera poco a poco fue gastándose hasta desaparecer, cada vez que chocaba contra ésta un arco, aparecía una hoja, cada una con una tonalidad diferente, única, aunque semejante al resto. "Árbol", dió lugar a una pequeña semilla, que golpeó la puerta, "toc, toc"-se escuchó, y apareció el tronco de un ancho árbol, el cual tenía la puerta en su centro, como fuese una base secreta. Este arbol, se extendía hacia el techo, y parecía poder prolongarse hasta el infinito cielo. La pared, ya no era un degradado de verde y azul, sino una verde pradera, que daba sensación de amplitud y libertad, en la que podría escapar eternamente de todo aquello que me persiguiese. En el árbol pintado y en la pared podían verse pequeños pajaritos en ramas que se extendían por toda la pared, que se volvían a ramificar en otras muchas, como si fuese un laberinto.

"Es... precioso. ¿Cómo lo has...?"
"No es nada difícil. Todos podemos, tú también puedes. Si puedes ver lo que digo, seguro que puedes." - Me cortó lo que decía, y contestó. Tras no haber entendido nada durante un día entero, la cosa al final no había acabado tan mal, ¿no?

De repente, como para finalizar el día, sobre mí cayó una profunda somnolencia. Ya la notaba aumentar hacía un rato, pero ahora era mucho más fuerte. Aura parecía saberlo.

"Buenas noches" - Dijo - "ahora deberías descansar. Volveré otro día a ver cómo estás, ¿vale?"

Intenté responderle, pero mis párpados ya estaban a punto de cerrarse, y sólo pude responderle con una especie de "hmm". Le escuché reir, tenía una voz muy suave y dulce.

http://www.wattpad.com/55805654-magouden-shiro (ambas dos partes están aquí incluidas)

domingo, 2 de marzo de 2014

Sueño 1- Blanco.

Me levanté de la cama. Lo que veía, era increíble.

"Vacío".

Si bien, comúnmente la carencia de color suele ir acompañada de un misterioso negro azabache, en mi caso era todo lo contrario. Todo era de un blanco casi cegador, en el cual solo se diferenciaban algunas líneas muy sutiles, que componían el esqueleto externo de todo objeto.

Tras un buen rato vagando sin lugar, escuché, lo que parecía ser un armario, abrirse, y entró una silueta bastante más elaborada. Todo aquello que estaba en la habitación era cuadriculado, todo hecho para aprovechar la diminuta habitación de la mejor forma posible, pero esta silueta incluso se movía.

"Veo que ya te has despertado, ¿qué tal?"

Las palabras aparecieron delante suya, y resonaron en mi cabeza. Éste mundo era extraño, eché de menos una sensación. No podía explicar el qué, era como si todo estuviese quieto. Nada se movía, los únicos seres que podíamos hacerlo, éramos yo, y aquel ser que entró por la abertura en la pared.

No sabía qué pasaba, ni qué hacía yo allí. Poco a poco, el blanco se hacía más abrumador. La figura simplemente me miraba, y no gesticulaba palabra. O tal vez aún estaba esperando que le dijese algo en respuesta a lo que pronunció antes. Curiosamente, las letras seguían ahí "Veo que ya te has despertado, ¿qué tal?" Era como un subtítulo, idéntico al de cualquier serie o película, surgió de la nada, justo delante suya, a la altura de la cintura. Cada vez que lo leía, la voz de la persona, con un tono masculino, resonaba en mi cabeza, repitiéndome esa oración.

El tiempo pasaba, la voz me angustiaba, era un constante eco en mi cabeza. No se desvanecía. No podía más. Sonó una y otra vez, la misma frase. ¿Pero qué pasa? ¿Qué he de hacer? Grité.

Al hacerlo, las letras desaparecieron. Bueno, técnicamente se volvieron blancas nuevamente, y acabaron mimetizándose con el ambiente. Ésto me extrañó, y la figura tomó una forma más identificable. Pasó de ser una especie de muñeco de madera blanca como el marfil, a tomar algo de otro color: "negro", con lo que aparecieron las sombras que perfilaban su figura.

Los rasgos de la cara parecían los de un joven, tenía el pelo negro, con la parte de atrás en una trenza, larga y abundante, y de la parte de delante crecía un fino flequillo hacia su derecha, que se hacía más largo a ambas partes (tenía la raya del pelo a un lado), hasta cubrirle las orejas. Sus ojos eran de un color pardo, que en el borde del iris llegaban a ser casi negros, y el resto de los rasgos no eran los de un hombre mayor, tenía unas mejillas tiernas, una nariz un poco grande, con el cartílago redondeado y el puente no muy ancho. Unos labios gruesos, y estilizados, y unas cejas negras espesas, finas, y algo arqueadas. (D
ebería ordenar mejor la descripción)
El chico era alto, y tenía unas manos estrechas, delicadas. Los dedos estaban tan delgados que parecían que se iban a romper. El resto del cuerpo, estaba cubierto en una bata blanca, y por ahora, el único color que conseguí ver, fue el negro ébano de su pelo, y el profundo castaño oscuro de sus ojos.

Él seguía ahí. Curiosamente, al acabar ésta breve identificación, dijo: