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domingo, 16 de marzo de 2014

...¿Magouden?

Al entrar en la vivienda, me encontré con Aura. Erika se fue a hablar con él, casi nada más verle, y murmuraron durante un rato.

+ Aura... Shiro... Salió fuera.
- ¿QUÉ? ¿Y dónde está? ¿Está bien?
+ Si, sí. No te preocupes. Está aquí, pero seguramente quiera preguntarte algunas cosas...

Aura se acercó a mí, a paso lento.

"Shiro, Ahora querrás saber qué ha pasado, ¿no?"

Sin tan siquiera esperar a mi respuesta, continuó.

Verás... Shiro...

Los Magouden, siempre han existido, pero no sé por qué, últimamente, comenzaron a extenderse muchísimo por esta ciudad. Y no parece ser la única... La magia de los humanos, poco a poco se ha ido viendo reducida a... Cenizas, básicamente. Con ella, se fue el color, el arte, la personalidad... Han desaparecido tantas cosas...

Con esto no me refiero a que no haya gente que aún permanezca bien. No. Está claro, ¡míranos a nosotros! Erika y yo hemos conseguido salvarnos, y también hemos salvado a muchísima gente... Pero el mundo ya está en lo peor. La situación no va a mejorar nunca, y lo único que podemos hacer es mantenernos recluídos, intranquilos ante el hecho de que algún día entren aquí, y lo destruyan todo.

Estos seres, comenzaron siendo simples personas sin magia, como seguramente ya sepas, pero en cuestión de pocos años, se han contagiado a más y más personas, y poco a poco han ido generando mejores espadas para cortar nuestros sueños... Shiro, mira a través de esa ventana. ¿Qué ves?

Por la abertura, podía ver lo que parecía un parque antiguo, una caja de arena para niños, unos columpios y un tobogán, todo rodeado de unos cuantos abetos... No era nada chocante. Miré extrañado a Aura.

Shiro, mira mejor...

Me quedé un rato observando la escena. Y a cosa de como 30 segundos, llegó un niño al parque. Era pequeñito, y tenía algo de color. Sus ojos eran verdes, y el pelo corto y castaño, y era de una altura típica para un niño que ronda los siete años. Al acercarse al columpio, del suelo empezó a asomarse una cresta enorme, que siguió creciendo hasta tomar la forma de una especie de dinosaurio.

Pero el dinosaurio, no era ningún integrante de los ejemplares ilustrados en los libros de texto de biología. No. Este dinosaurio era algo más bien... Deforme. Era una amorfia que no parecía hecha con tal intención, sino muy aleatoria... Era como si alguien hubiese intentado dibujar un dinosaurio, sin conocimiento alguno de anatomía, ni tampoco mucha habilidad a la hora del dibujo.

Era como... Un dibujo de un niño en el parbulario... Pero completamente oscuro. Era opaco, y las líneas que lo componían no tenían orden. No seguía ningún patrón, ni se podía identificar qué era sombra, y qué no... Estas líneas, más bien rayas, parecían moverse con desánimo, dentro del contorno que formaba al animal... O más bien a la lóbrega y triste bestia... Que parecía incluso llorar.

Dicha fiera, bramó, y a la vez sollozó al niño en un lenguaje ininteligible. Pero al escucharlo, el niño lloró. Lloró sin cesar... Como si su piel estuviese siendo arrancada del resto de su cuerpo a mordiscos. Como si le acabasen de incrustar en pleno pulmón una viga de hierro, de alguna construcción, y no pudiese respirar, pues sus órganos, los pulmones, estaban bañados en sangre.

El color del niño tembló... Y se entristeció con él. Era una experiencia inexplicable. No había forma de definir con exactitud qué pasaba... Pero era horrible. Cualquier humano con algo de corazón y amor en sus venas, sería incapaz de obviar esta situación.

Era como ver cómo un pirómano quemaba un jardín lleno de esplendor, con todo tipo de flores reunidas sobre un verde marco, que hacía que todos los colores armonizasen entre ellos. Ver como poco a poco, el fuego iba consumiendo toda vida, hasta únicamente quedar un montón de carbón, inservible.

El niño, sin cesar el llanto, volvió por donde vino, y dejé de verlo cuando entró en un callejón.

"El mundo, como ya has visto, es tétrico, y está marchito." - Dijo Aura.

sábado, 15 de marzo de 2014

Aura. Pasado.

Me llamo Aura.

Y sí, un día, me encontré con una de esas criaturas por primera vez, con un Magouden.

Estaba en el aseo, hablando con Seele.

+ ¡Mira, mira! ¡Ya me llega hasta media espalda! - Dije, señalando mi pelo. Quería dejarme una coleta muy muy larga. Y estaba muy feliz de ver que mi pelo crecía cada día más.
- ¡Es verdad! Es increíble, ojalá a mí me creciese el cabello tan rápido.
+ ¡Jejé!

En ese momento, apareció Paladio, un amigo del colegio, y me pilló en plena charla con Seele. Se quedó impactado... Y a los pocos segundos, comenzó a reirse a carcajadas.

-... ¡JAJAJAJAJ! No puedo creerlo... ¿Hablando solo? ¿Qué clase de bebé eres? ¡Qué patético!

Esas palabras tomaron la forma de una daga, que se clavó a la velocidad del rayo en la mano de Seele. Al recibir el impacto, Seele gritó, y su silueta paso de estar hecha de carne, a porcelana, y comenzaron a salirle grietas de la mano, que se extendían por todo su cuerpo a una velocidad increíble. Por suerte, Buer apareció a tiempo, y con el mismo brillo púrpura con el que se presentó, desapareció llevándose a Seele.

+ Y... Yo... Estaba con... ¿Eh? ¿Dónde...?
- ¡JAJAJAJ! Qué triste. Todos decían que eras penoso, pero esto ya se supera. - Y tras soltar esta línea, como si de nada se tratase, se marchó.

Cerré la puerta, y lloré. Las lágrimas brotaron de mis ojos, como si tuviese un enorme río que se acababa de desbordar. No sabía qué había pasado, y cuando la puerta terminó de cerrarse, con un *clank*, volví a ver a Buer, que tenía ambas manos sobre la herida de Seele. Bueno... "Herida" no es una buena palabra para definirlo. Era como... Una grieta... O más bien un hueco. Un hueco con forma de hendidura en la una daga se había hundido, perforando incluso el hueso. Las grietas de Seele desaparecieron, pero su cuerpo titilaba, como hace una bombilla al intentar encenderse. Buer, tras completar el círculo mágico que llevaba preparando, provocó un destello púrpura, tras el cual no quedaba rastro de la daga, aunque sí quedaba la cicatriz, en forma de rombo alargado.

+ Buer... ¿Qué le pasa a Seele?
- Tu amigo es uno. Bueno, uno, otro más de ellos. De los seres sin magia, que la engullen para torturar a los que aún creemos en ella.
+ ¿Qu... qué puedo hacer para ayudarle?
- Cree en él.

Mi madre me llamó, y volví a estar en el cuarto de baño. Ya era bastante tarde, y me llamó por si quería algo de cenar, pero contesté que no. Entré en mi cuarto, y me acosté, la cama de Paladio estaba a mi lado, y él aún seguía despierto.

- ¿En serio tienes amigos imaginarios?
+ Yo... no... no...
- ¿No qué? Bebé.
+ No... son... imaginarios... verdad... ¿Buer?

Buer apareció detrás mía. Estaba a punto de ponerme a llorar, pero sabía que no podía. De Paladio, una especie de ameba sombría y opaca surgió, y comenzó a flotar. Decía:

"Los amigos imaginarios son para bebés." "Son para críos." "Los adultos no los tienen." - Repetía. Su voz no era una, sino era una quimera de otras muchas voces mecánicas, que no paraban de repetir frases semejantes, incesantemente, una y otra vez.

Buer... ¿Qué hago?

...Lucha. De lo que ha dicho, ¿qué es lo que es realmente cierto?
...

- Mis amigos... No son imaginarios. Mis amigos no son para bebés, ni son para críos... Y los adultos también pueden tenerlos. ¡No hay nadie que no pueda!
+ ¿Que no son imaginarios? ¡JA! Yo NO lo HE VISTO. Por ello, NO EXISTE.
- Mis amigos no necesitan que tu los veas para existir. El que no los veas, no quieren decir que no existan, ¿v-verdad Buer?

N-No sé que había hecho. Pero sentí un poder increíble cuando lo dije. Buer estuvo a mi lado, y me ayudaba a defenderme. No entendía porqué, pero el texto se materializaba, con color incluso, y tomaba formas. Buer, por primera vez, se mostró delante de otra persona que no fuese yo. Mis palabras, formaron 3 flechas. Una morada, otra roja, y otra del mismo color que el oro entonces, Buer las colocó en su arco, y consiguió que ambas tres diesen en el núcleo de la ameba.

+ N... ¡Noooooooooooooo!

El monstruo desapareció, y le agradecí a Buer su ayuda. Él también ocultó su presencia, y Paladio se durmió. Al rato, yo hice lo mismo.

sábado, 8 de marzo de 2014

Shiro

El chico no se movía, estaba completamente quieto. Parecía una alta estatua que se erguía para observarme. Las letras que había pronunciado seguían ahí, inamovibles, colocadas exactamente en el mismo sitio en el que habían estado hasta ahora:

"Me llamo Aura..."

Esta vez, las letras tenían color. Bueno, algunas. Un azul añil precioso. Brillaba con un lustre misterioso, atrayente, y desentonaba entre el resto de palabras. 

El chico me miró extraño. Era normal, no paraba de examinarle. No tenía ni idea de quién era este chico, ni de qué quería de mí, si lo tenía que conocer o no... No entendía nada, y trataba de evitar el contacto de ojos, "sólo tensará más la situación" me temía. Igual estaba molesto por algo que yo no recordaba. O igual estaba molesto por el hecho de no recordarlo. Dios mío, ¿qué se suponía que tenía que hacer? La sensación era horrible, y aquel joven seguía con sus ojos puestos sobre mí, y era demasiado incómodo.

"No te preocupes, no te haré nada"

Pareció leer toda la actividad de mi mente, y habló. Esta vez sí se acercó a mí, y se rió. Al acercarse, atravesó las palabras, que seguían enunciadas en el aire, inmóviles, y se sentó a la derecha de mis rodillas, en un lado de la cama. Aparté mis piernas hacia el lado opuesto, por si se quería acomodar, pero no lo hizo.

"¿Quién... eres?"

Esta vez, fui yo quién habló. Mis palabras también se materializaron en el aire, y se colocaron frente a mis ojos, impidiéndome ver. Instintivamente, saqué el brazo de la blanca sábana y moví la mano, para quitarlas, y efectivamente, la oración salió disparada, chocó contra el suelo, y se incrustó en él, aunque sin dejar marca. Era raro... ¿Cómo explicarlo? La frase era como un todo, y al chocar con el suelo, frenó por completo, y se recolocó, de forma que quedó paralela al suelo, y las letras, que habían sufrido algún daño del golpe, se recompusieron e incluso levitaron, dejando como 10 centímetros de distancia con el suelo.

Aura también se quedó observando por un rato las palabras, parecía ser capaz de verlas. ¿Sabrá algo de por qué existen éstas? Le preguntaré.

"¡Aura!... Tú... Las ves, ¿no? ¿Qué son?" - Sonó muy brusco, pero no hubo cambio en su expresión que denotase molestia o algo. De hecho, no pareció ni importarle.
"¿El qué?" - Dijo, sin saber a qué me refería.

Al responderme, mi texto se desvaneció gradual-, pero también rápidamente, dejando una estela que tardaba bastante poco en desaparecer de la misma manera. Cuando se desvanecía cada letra, dejaba pequeños destellos que se fraccionaban en otros más pequeños, hasta desaparecer. Y todo esto, antes de que Aura hubiese terminado la frase. Estos destellos brillaban como el cielo nocturno, con una luz que parecía muy poderosa, pero no era para nada molesta al ojo. Seguramente, aunque estuviésemos en un lugar completamente oscuro, el brillo no sería capaz de cegarnos, pero sí de iluminar la habitación, parecía tratarse de un brillo muy suave y amable.

"¿Shiro? ¿Sigues ahí?"- Dijo.
"¡Pues qué va a ser! Estas letras que aparecen al hablar"
"Aah... tú... ¿también...?"
"¿Eh?"

"¿Lo ves? Éste texto, ¿aquí? -Y señaló al lugar en cual se hallaban las palabras.
"Sí, cada vez que hablamos, aparece. Es muy raro, y a la vez parece completamente natural
"Sí, yo también lo veo..." - Dijo Aura. Tras ello, en su rostro, se esbozó una leve sonrisa. - ¿Quieres ver... lo que puedo hacer con él?
"¿Tiene algún uso?"
"Este texto, tiene todos los usos que quieras, y a la vez, puede ser completamente inútil, o incluso dañino... Shiro, dime algo que te gustaría... No sé, tener... cambiar... lo que quieras"

¿Qué debería decirle? Era una pregunta muy... singular. Era como si un hado mágico acabase de aparecer ante mí, y me cuestionase mi voluntad, para que ésta fuese llevada a cabo. Pero... ¿Debería fiarme de alguien que acaba de aparecer? ¿Qué intenciones tiene? La amabilidad puede juntar a las personas, pero también puede embelesarnos y hacer que caigamos al abismo. ¿Y si detrás de Aura sólo existe un ser malvado y despiadado que trata de lograr algo de mí? Pero si le juzgo como algo horrible, y en la realidad es lo que aparienta ser, el malo sería yo. ¿Qué hago? Ay...

Tras un pequeño rato meditando, decidí pedirle algo simple, sencillo, pero a la vez imposible para alguien común. No sabía si Aura era bueno, o malo así pues, pronuncié mi "deseo":

"Pues... No sé, ¡dale color a ésta habitación! Toda blanca es muy deprimente...
"Hmmm... Vale."

Aura se concentró. Estuvo moviendo la cabeza un buen rato, de un lado hacia otro de la habitación, casi con escrutinio. Tras haber hecho mi pedido, pensé que tampoco era el más adecuado. Podría teñir a la habitación de colores aún peores, aunque este blanco ya era demasiado espeluznante, y sería bastante difícil superarlo. Pasado un rato, se detuvo, y articuló algunas palabras.

"Verde"

"Azul, cielo"

El texto, surgió nuevamente, esta vez, tenía un color blanco, pero un blanco muchísimo más amable que el que antes reptaba por la habitación. Era un blanco esponjoso, cuya forma cambió a la de una esfera, que se dividió en otras muchas, más pequeñitas, y volaron hacia el techo. El techo vibró, y en él, aparecieron cúmulos, pequeñas y grandes nubes esponjosas, que parecían estar sacadas de las más pacíficas tardes de verano. Podían verse algunas formas, y parecían incluso moverse. Tenía la sensación de que si me quedaba observándolas durante mucho tiempo, conseguiría ver cómo van transformándose, propulsadas por el viento, cambiando eternamente de forma hasta desaparecer en el horizonte. Seguramente mañana, este cielo tendrá otras nubes completamente distintas, con otras muchas formas. Me dieron algo de pena las nubes que nunca volvería a ver, pero también quería apreciar aquellas que nacerían aquel al día siguiente. Era como ver el simple concepto de "vida" retratado en el techo de mi  habitación, antes opresora, y ahora completamente libre.

"Nube"

El texto, esta vez apareció, y su forma cambió a la de una esfera, que se dividió en otras muchas, más pequeñitas, y volaron hacia el techo. El techo vibró, y en él, aparecieron cúmulos, pequeñas y grandes nubes esponjosas, que parecían estar pintadas por algún pintor realmente dotado. Podían verse algunas formas, y parecían incluso moverse. Tenía la sensación de que si me quedaba observándolas durante mucho tiempo, conseguiría ver cómo van transformándose, propulsadas por el viento. Seguramente mañana, este cielo tendrá otras nubes completamente distintas, con otras muchas formas. Me dieron algo de pena las nubes que fuesen a desaparecer, pero también quería ver aquellas que nacerían aquel día. Era como ver el simple concepto de "vida" retratado en el techo de mi antes deprimente habitación.

"Y... por último... "Césped, árbol"

Estas dos palabras se separaron. "Césped" repitió el proceso que hizo "Nube", y se convirtió en una esfera, pero de él, fueron saliendo pequeños arcos curvados, como los que deja una fina espada al intentar cortar a su enemigo, y estos pequeños arcos impactaron contra la pared, por la parte de abajo, haciendo que ésta temblase con cada impacto, y la esfera poco a poco fue gastándose hasta desaparecer, cada vez que chocaba contra ésta un arco, aparecía una hoja, cada una con una tonalidad diferente, única, aunque semejante al resto. "Árbol", dió lugar a una pequeña semilla, que golpeó la puerta, "toc, toc"-se escuchó, y apareció el tronco de un ancho árbol, el cual tenía la puerta en su centro, como fuese una base secreta. Este arbol, se extendía hacia el techo, y parecía poder prolongarse hasta el infinito cielo. La pared, ya no era un degradado de verde y azul, sino una verde pradera, que daba sensación de amplitud y libertad, en la que podría escapar eternamente de todo aquello que me persiguiese. En el árbol pintado y en la pared podían verse pequeños pajaritos en ramas que se extendían por toda la pared, que se volvían a ramificar en otras muchas, como si fuese un laberinto.

"Es... precioso. ¿Cómo lo has...?"
"No es nada difícil. Todos podemos, tú también puedes. Si puedes ver lo que digo, seguro que puedes." - Me cortó lo que decía, y contestó. Tras no haber entendido nada durante un día entero, la cosa al final no había acabado tan mal, ¿no?

De repente, como para finalizar el día, sobre mí cayó una profunda somnolencia. Ya la notaba aumentar hacía un rato, pero ahora era mucho más fuerte. Aura parecía saberlo.

"Buenas noches" - Dijo - "ahora deberías descansar. Volveré otro día a ver cómo estás, ¿vale?"

Intenté responderle, pero mis párpados ya estaban a punto de cerrarse, y sólo pude responderle con una especie de "hmm". Le escuché reir, tenía una voz muy suave y dulce.

http://www.wattpad.com/55805654-magouden-shiro (ambas dos partes están aquí incluidas)

martes, 4 de marzo de 2014

Magouden

"Magouden", decidí llamarlos.

Era curioso, cuando hablaba con alguien este término, todo el mundo parecía pensar que estoy loco. Nadie creía que algo así existiese.

Los "magouden" no son personas. Tampoco son animales, ni cualquier otro ser vivo. Son... ¿Cómo decirlo?

Hay entes, seres, criaturas, que ni existen, ni "no existen". Nadie puede verlos, y a la vez, todos podemos. Nadie se da cuenta de que están ahí, pero están. Siempre están.

Los magouden son uno de estos seres, que al igual que todo ser mitológico, animal fantástico, monstruo que nos acecha en nuestra oscuridad, e incluso los dioses, pertenecen a éste grupo.

Comencé a tener este poder a los 3 años. Bueno, igual incluso antes. Y no sólo era mi caso, sino que otros muchos niños de la guardería, también lo tenían. No era yo el único, como ahora...
Todos los días, veía como varias congregaciones de niños se juntaban, en una especie de círculo, y empezaban a jugar con éste poder.

"Agua", y tras decirlo, aparecía un pequeño torrente de la pared, que empapaba a cualquier niño que estuviese a su alcance. Tras ésto, cogían un pequeño peluche, y decían "ayuda", y el algodón que componía aquel juguete, hasta ahora siempre mullido y acogedor, pasaba a tener una apariencia más resistente, y este producto manufacturado, podía moverse libremente, salvando a aquellos desafortunados pequeños que se vieron arrastrados hasta la otra punta de la habitación.

Sí, yo lo quise llamar "magia".

Ésta palabra, parecía tener algún efecto en los adultos. Todo adulto, al escucharla, comenzaba a intentar eliminarla. También era algo que hacían muchos profesores, y poco a poco, incluso mis amigos se vieron succionados por éste poder, que destruía toda ilusión, y comenzaban a predicar las mismas palabras. Palabras que me han torturado desde siempre. Desde pequeño. Desde cuando comencé a ser capaz de comprender y emplear el lenguaje, ese enunciado siempre ha estado ahí. Persiguiéndome, amargándome, quitándome la esperanza. Sí, era como su lema.

"La magia no existe"

Era muy triste. No sabía por qué, pero desde pequeño, esas palabras siempre me parecieron muy solitarias. Eran simples carácteres negros. Sin color alguno, o también podían ser carácteres negros hechos con un color que, a la vez, engloba, y obvia la existencia del resto. Que no deja ver esa luz que tenemos al hablar, que no deja al mundo apreciar esos colores, que sin darnos cuenta, conseguimos emanar.

Aunque, no todo el mundo puede hacerlo. De hecho, yo mismo fui incapaz de ello, hasta hace muy poco.
Bueno, siempre he sido capaz, pero no recordaba poder hacerlo.

Los Magouden son naturalezas que encadenan este poder, innato en todos nosotros.

¿Cómo lo hacen? Utilizan diversas y complejas armas. Pueden ser, por ejemplo, cadenas. Las cadenas, tienen muchos usos. Puedes controlar a alguien, reducir su movilidad. Como también puedes esclavizarle, enlazándolo a voluntad con aquellos útiles que usamos cada día, tales como una silla, una cama. Objetos que parecen tan simples y comunes, pero que convierten en grandes engendros que te engullen, poco a poco. Sin piedad. ¿Cómo van a mostrar clemencia ante un pequeño que dice tales locuras? "¿Que algo como la magia existe?" "Dios mío..." "¿Por qué no podemos tener un chico más centrado y normal?"

Pero también oí de otros muchos otros métodos. Los Magouden son capaces de convocar látigos de estoicismo, que van reduciendo poco a poco éste poder, hasta sellarlo. Afiladas dagas que son imposibles de quitar, pues hacen uso de ellas como si de estacas se tratasen. Martillos con los que clavarnos ideas, imponiéndolas sin siquiera cuestionarse su veracidad.

Estas armas siempre van acompañadas de desalmadas frases, que utilizan como runas para incrementar su poder. No, estas armas no solo inflingen un considerable daño físico a la simple existencia de la magia. Sino que se acompañan de un daño moral, anímico, y a veces, incluso físico, al defensor de ésta.

Ellos están por todas partes. Lo peor, es que hasta yo pude haber sido uno de ellos. Pero ya no. Ya no lo lograrán. Nunca más. ¿Por qué? Porque la magia... existe. Y ya nadie logrará, que la abandone.

http://www.wattpad.com/55801066-magouden

domingo, 2 de marzo de 2014

Sueño 1- Blanco.

Me levanté de la cama. Lo que veía, era increíble.

"Vacío".

Si bien, comúnmente la carencia de color suele ir acompañada de un misterioso negro azabache, en mi caso era todo lo contrario. Todo era de un blanco casi cegador, en el cual solo se diferenciaban algunas líneas muy sutiles, que componían el esqueleto externo de todo objeto.

Tras un buen rato vagando sin lugar, escuché, lo que parecía ser un armario, abrirse, y entró una silueta bastante más elaborada. Todo aquello que estaba en la habitación era cuadriculado, todo hecho para aprovechar la diminuta habitación de la mejor forma posible, pero esta silueta incluso se movía.

"Veo que ya te has despertado, ¿qué tal?"

Las palabras aparecieron delante suya, y resonaron en mi cabeza. Éste mundo era extraño, eché de menos una sensación. No podía explicar el qué, era como si todo estuviese quieto. Nada se movía, los únicos seres que podíamos hacerlo, éramos yo, y aquel ser que entró por la abertura en la pared.

No sabía qué pasaba, ni qué hacía yo allí. Poco a poco, el blanco se hacía más abrumador. La figura simplemente me miraba, y no gesticulaba palabra. O tal vez aún estaba esperando que le dijese algo en respuesta a lo que pronunció antes. Curiosamente, las letras seguían ahí "Veo que ya te has despertado, ¿qué tal?" Era como un subtítulo, idéntico al de cualquier serie o película, surgió de la nada, justo delante suya, a la altura de la cintura. Cada vez que lo leía, la voz de la persona, con un tono masculino, resonaba en mi cabeza, repitiéndome esa oración.

El tiempo pasaba, la voz me angustiaba, era un constante eco en mi cabeza. No se desvanecía. No podía más. Sonó una y otra vez, la misma frase. ¿Pero qué pasa? ¿Qué he de hacer? Grité.

Al hacerlo, las letras desaparecieron. Bueno, técnicamente se volvieron blancas nuevamente, y acabaron mimetizándose con el ambiente. Ésto me extrañó, y la figura tomó una forma más identificable. Pasó de ser una especie de muñeco de madera blanca como el marfil, a tomar algo de otro color: "negro", con lo que aparecieron las sombras que perfilaban su figura.

Los rasgos de la cara parecían los de un joven, tenía el pelo negro, con la parte de atrás en una trenza, larga y abundante, y de la parte de delante crecía un fino flequillo hacia su derecha, que se hacía más largo a ambas partes (tenía la raya del pelo a un lado), hasta cubrirle las orejas. Sus ojos eran de un color pardo, que en el borde del iris llegaban a ser casi negros, y el resto de los rasgos no eran los de un hombre mayor, tenía unas mejillas tiernas, una nariz un poco grande, con el cartílago redondeado y el puente no muy ancho. Unos labios gruesos, y estilizados, y unas cejas negras espesas, finas, y algo arqueadas. (D
ebería ordenar mejor la descripción)
El chico era alto, y tenía unas manos estrechas, delicadas. Los dedos estaban tan delgados que parecían que se iban a romper. El resto del cuerpo, estaba cubierto en una bata blanca, y por ahora, el único color que conseguí ver, fue el negro ébano de su pelo, y el profundo castaño oscuro de sus ojos.

Él seguía ahí. Curiosamente, al acabar ésta breve identificación, dijo: